Publicaciones

La salud en los 200 años en los que Anibal no existió

Por Hans Rothgiesser

En su discurso en el Congreso para pedir el voto de confianza a su gabinete, el presidente del consejo de ministros dijo que el sistema de salud público ha estado en la “endemia del olvido” (sic) por más de 200 años. Hay muchos datos imprecisos e incompletos en su discurso de ese día, pero quedémonos en éste, porque es uno que cierto sector de la izquierda peruana vuelve y vuelve a repetir, faltando a la verdad.

Es difícil conseguir data de hace dos siglos, pero algo se puede citar. Empecemos por apenas los últimos veinte años. Gracias al modelo económico que tanto desprecian y tanto quieren cambiar, se logró incrementar el presupuesto de salud de 4.415% del PBI en el 2000 a 5.215% en el 2019, el mágico año prepandemia que es la referencia ahora para muchas comparaciones. Es decir, la importancia relativa del sector salud se ha incrementado en las últimas dos décadas. Eso no es “endemia del olvido”, señor primer ministro. De hecho, ante este esfuerzo de aplicar más recursos, decir que ese sector está olvidado es mezquino, porque son recursos que se pudieron haber usado en otras cosas.

No sólo eso, sino que en total se está gastando más por paciente que hace veinte años. En el 2000 tuvimos un gasto per cápita en salud de US$84. Para el 2019, poco antes de la pandemia que distorsionó todas estas cifras, habíamos saltado a US$370. Esto representa un incremento de más de cuatro veces.

Esto es algo que el primer ministro Anibal Torres y sus defensores y socios claramente nunca se han preocupado en revisar. Estamos hablando de que la cifra se ha cuadruplicado. ¡Cuadruplicado! Estos son millones de miles de dólares adicionales que estamos asignando a salud. ¿Es esto un sector olvidado? Muy por el contrario, la atención que recibe es envidiable. No es muy difícil concluir, pues, que es mentira. Y que meter aun más dinero no es la solución. El problema del sector salud en el Perú es de gestión.

Sí, por supuesto que el sector salud está en pésimo estado. El servicio que brinda es un desastre y los índices de corrupción son bastante altos. Ni qué decir del hecho de que el Ministerio de Salud y los gobiernos regionales ni siquiera usan todo el dinero que se asigna. Para cualquiera que meta la cabeza al hoyo está bastante claro que estamos ante un problema de gestión. Haber estado incrementando el presupuesto sin abordar una reforma profunda de ese sector es lo que nos ha llevado a esta situación.

Empecemos por definir a quiénes no debemos seguir prestando atención. En el 2019 en el mundo llamamos la atención por ser uno de los países con más alto índice de muertes por miles de habitantes por la pandemia. Nuestro manejo de la crisis fue desastroso e indefendible. Los ministros de salud y de economía que tuvimos en ese periodo y el presidente a cargo deberían estar socialmente sancionados de no volver a salir en medios nunca jamás a tener la osadía de comentar las políticas de salud de otros gobiernos. Tengan la decencia de callarse la boca. ¿Es que no tienen consciencia? ¿Cómo duermen en las noches sabiendo que su politización de la crisis llevó a miles de peruanos fallecidos, porque no había acceso a oxigeno medicinal o camas de cuidado intensivo? No, prefirieron usar la situación para empujar agendas ideológicas y políticas y ya ven los resultados. Y ustedes, medios y periodistas, tengan un poco de dignidad y dejen de estar entrevistándolos como si supieran de lo que hablan.

El Perú ya debería de haber aprendido que el sector salud debe estar en manos de expertos técnicos con amplia carrera en gestión pública. Pero no. Elegimos al doctor anemia y a su ministro de salud, vendedor de agua milagrosa. No tenemos perdón.

 

También te puede interesar

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.