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¡Golpistas, a mucha honra!

Por: Luis Nieva.

Trabajé durante 5 años en Huancayo, región Junín, en el hermoso Valle del Mantaro. Se le conoce como la despensa de Lima, porque de allí proviene la gran mayoría de productos agrícolas que abastecen a la capital. Alguna vez le pregunté a los agricultores de esta zona, por qué su sector era el más postergado y me respondieron: “es que de la agricultura no se puede robar”.

La suposición de los hombres y mujeres del campo puede ser cierta, sus autoridades locales y corruptas destinan todo el presupuesto al festín de millonarias licitaciones de obras públicas, mientras la agricultura queda relegada. Bajo este contexto llega la propuesta del presidente Pedro Castillo para el agro, la “Segunda Reforma Agraria”, bautizada así en honor a la primera reforma impuesta por la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado que dio un golpe de Estado, precisamente, un 3 de octubre de 1968.

Golpe y reforma

La dictadura militar del general Juan Velasco Alvarado fue responsable de la reforma agraria en el Perú a fines de los 60´s. De eso ya pasaron 50 años y, aunque existe una opinión generalizada de que fue un rotundo fracaso, hoy el Gobierno de Pedro Castillo ha decidido reivindicar aquel golpe de Estado eligiendo la misma fecha para el lanzamiento de su nueva política agraria.

La fecha no es la única coincidencia. «Acabemos con los patrones y los hacendados, porque ellos ya no comerán del sudor de los pobres y los campesinos» dijo el presidente, Pedro Castillo emulando las palabras del dictador Velasco cuando anunció su reforma agraria.

Este discurso, divisionista y populista, también ha venido acompañado de un mensaje de “no expropiación”. Esto, al menos, es un reconocimiento implícito a lo que hizo la dictadura de Velasco 5 décadas atrás y que, además de generar más pobreza, fue responsable de la crisis agraria que vivimos hasta el día de hoy.

“La reforma agraria significó el paso del latifundismo a un sistema de propiedad de la tierra en manos de los campesinos. Se consideró que la mejor redistribución se lograría a través de sistemas comunitarios de explotación de la tierra. Lo cierto es que las empresas agrarias de producción de carácter asociativas no lograron el nivel de eficiencia deseado y la mayoría de ellas se desintegraron, generándose un proceso masivo de parcelación y precariedad. Fue una reforma nefasta” escribe Hernán Medrano en su artículo de El Comercio y no le falta razón.

A pesar de todo el misticismo andino que rodea este acontecimiento, escoger la fecha del golpe de Velasco para lanzar un nuevo plan nacional a favor del agro, no es otra cosa que una reivindicación de la dictadura velasquista y sus atentados a los derechos humanos, la libertad de expresión y la propiedad privada. Hay un claro afán de reescribir la historia y borrar de nuestra memoria la captura de los medios de comunicación, expropiaciones y matanzas como la de Huanta, que dio origen a la canción Flor de Retama.

Improvisación

Con una pomposa actividad en el Cusco, el Gobierno de Perú Libre ha lanzado su “Segunda Reforma Agraria”. Hago hincapié en Perú Libre, porque este partido nació en Huancayo, ciudad que mencioné al inicio de este artículo. Es allí donde, precisamente, no se ha hecho absolutamente nada en favor de los agricultores y, por el contrario, varios proyectos, como el Instituto Regional del Café en la Selva Central, están paralizados. Con esta “experiencia” es que llega el partido de Gobierno a proponer una reforma y todo indica que volverán a repetir los errores del pasado.

Por lo pronto, al sector privado se le ha excluido del proceso a pesar de haber mostrado buenos y rentables resultados en los últimos años. Sí, ese sector que inició el “boom de la agroexportación” en Ica no fue tomado en cuenta, a pesar de que el INEI reportó que la pobreza se redujo de 43,1% a 3,3%, entre los años 2004 y 2017, en dicha región.

Tenemos, entonces, mucho nombre y pocas metas. Del evento de lanzamiento solo se han desprendido mas dudas que certezas. Preocupa, por ejemplo, el reajuste de la franja de precios para proteger al agricultor de la “competencia desleal” anunciado por Pedro Castillo. De otro lado, escuchamos al primer ministro, Guido Bellido, amenazar con disolver el Congreso si es que no se aprueba la ley de Segunda Reforma Agraria, ¿cuál ley?, si hasta el momento no se ha presentado ninguna iniciativa desde el Ejecutivo. Es por eso que, para tamaña promesa, las expectativas también son grandes, hablamos de 2 millones de trabajadores agrícolas, según el Ministerio de Agricultura. ¿Será suficiente apelar al recuerdo de una reforma nacida de una dictadura? Quizás, es todo lo que tengan.

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